¿QUIÉN ES IMMERSVS?
Immersvs no es más que alguien obsesionado con la pesca submarina y el mar.
Me llamo Dailos Peña Santana, nací en 1991 en Gran Canaria y, siendo apenas un bebé, terminé en Fuerteventura, lugar en el que crecí siempre junto al mar.
Mientras otros niños van a los parques a jugar entre toboganes y columpios, yo, a los 3 años, ya me entretenía moviendo piedras para observar los cangrejos cuando bajaba la marea en la paradisíaca playa de Morro Jable. Fue allí donde el mar me cautivó por completo. Recuerdo, a los 4 años, ver a algunos pescadores salir con sus capturas y observar a mi hermano irse a bucear con el vecino. Sin embargo, hay un recuerdo clave que marcó un antes y un después en mi vida: tenía 7 años cuando acompañé a Santos, el marido de mi madre, y a su compañero Álvaro en una inmersión en el Faro de Jandía, en una mañana nublada y fría. Mi obsesión e insistencia hicieron que, a pesar del mal tiempo, lograra convencerlos para que me permitieran acompañarlos al agua.
Nadé con ellos, únicamente equipado con una máscara y, quizá, un tubo. Ellos se disponían a realizar una inmersión con botella en un veril cercano y, antes de partir, me sumergí en uno de los cabos de la orilla. Permanecí 2 o 3 minutos a unos 2 metros de profundidad, respirando por su regulador, temblando de frío y aferrado al cabo con todas mis fuerzas para no subir a la superficie. No quería regresar a la orilla, pero ellos debían continuar. A partir de entonces, siempre que podía, los acompañaba en la embarcación de Álvaro: buceaba alrededor mientras ellos se equipaban y luego esperaba en la embarcación hasta que regresaban.
A muy temprana edad ya pescaba con una rama a la que mi abuelo ataba un nylon y un anzuelo; ponía cualquier cebo y yo era feliz. A los 7 años, comencé a explorar los riscos de Morro Jable junto a mi buen amigo Alex. Encontramos unas fijas con las que intentábamos pescar pulpos entre las piedras y capturábamos cabosos utilizando burgados como carnada, para luego devolverlos.
En el verano del 2000 empecé a ir al agua con mayor independencia. Mi abuelo me acompañaba a la playa; él se instalaba en los riscos para leer su novela mientras yo exploraba todas las rocas de los alrededores. Aunque al principio solo observaba, fue en esa época cuando descubrí que se podía pescar debajo del agua. Al principio, acompañaba a otros chavales que ya contaban con equipo; yo, con solo una máscara y un tubo, nadaba y avisaba a los demás cuando encontraba un lenguado, un choco o cualquier otra especie. Si tenía frío, salía a coger sol y luego volvía; si tenía hambre, pedía un trozo de pan en el restaurante donde trabajaba mi madre y seguía en el agua.
Poco tiempo después, fabriqué mi propia “fija”, como hacían los demás, utilizando un hierro procedente de las sombrillas de los restaurantes que había. La parte trasera se curvaba entre las piedras y la punta se afilaba al contacto con el suelo de la avenida. Con una tacha (un clavo), un nylon y la chapa de una lata de cerveza que mi abuelo solía tomar en la playa, construí mi primer pasapeces para llevar en la cintura. No recuerdo cómo se me ocurrió la idea, pero así, a los 10 años, llegaron mis primeras capturas. En mi cumpleaños, mi padre me dio dinero para gastar en lo que quisiera y, con ese dinero, compré mis primeras aletas. Mi nivel fue en aumento: pronto adquirí un traje corto de surf y, poco a poco, fui mejorando mi material.
A los 12 años me mudé a otro pueblo de Fuerteventura, La Lajita, y a los 14 conocí a otro aficionado a la pesca submarina, Jorge, quien utilizaba un fusil de 60 cm. En ese entonces, la pesca con fusil me parecía de tramposos, sin mérito, pues yo estaba acostumbrado a capturar peces con la “fija” — viejas, salmonetes, herreras, jureles. Ahora lo pienso y, en realidad, lo que hacía tenía mucho mérito. Con el tiempo, Jorge adquirió un fusil mayor y me prestó el de 60 cm; fue a partir de ahí que comencé a desarrollarme más como pescador submarino.
A los 15 años, solo pensaba en pescar y jugar al baloncesto. Algunos fines de semana me juntaba con mis amigos de la pesca — Jorge, Adán, Mustafa, entre otros — y hacíamos asaderos y acampadas en las playas solitarias de la zona, recorriendo varios kilómetros de aquella costa. A los 17, aunque otras actividades iban ganando protagonismo, seguía pescando. Todo había que aprenderlo por uno mismo, ya que nunca tuve a nadie de quien aprender, salvo mis amigos, que sabían lo mismo que yo. Con 15 años ya había empezado a leer revistas de pesca submarina.
En 2011, Álvaro —el amigo del marido de mi madre— me contactó para invitarme a un curso de apnea con Paco González, una semana entera dedicada a aprender y conocer gente. No lo dudé ni un segundo y allí fui. Esa experiencia me reconectó de manera obsesiva con el mar, e incluso convencí a Kiko, un guaguero con dolores de espalda que buscaba algo para mejorar, para que se uniera a mí. Kiko se convirtió, desde entonces, en mi compañero habitual de pesca y en un amigo para toda la vida.
En 2012, mi hermano me regaló un fusil de 95 cm y comenzamos a pescar juntos en los momentos en que coincidíamos, ya que vivíamos en islas diferentes. Empecé también a interactuar en foros de pesca submarina — La Rompiente, Lapescasubmarina y Pescasub.com — donde descubrí una comunidad maravillosa de gente que compartía mi afición: relatos, bricolajes, encuentros… Fue en esos encuentros con otros pescasub cuando di un salto de nivel que considero significativo.
En 2013, la pesca submarina se convirtió en mi vida. Descubrí los vídeos de pesca submarina de forma independiente y me cautivaron tanto que le pedí material a un pescador, Orlando Trujillo, para comenzar a editar, dando así origen a Immersvs. Se pronuncia “immersus”, pero se escribe con la “u” convertida en “v”, en referencia al latín clásico, y como un juego de palabras que expresa que mi vida está inmersa en la pesca submarina.
Realicé mi primer viaje de pesca a Tenerife para conocer a más gente, llevando una tienda de campaña, equipo de pesca, poca ropa, comida para varios días y apenas 50 €. Compartir esta afición hizo que uno de mis compañeros de pesca me ofreciera techo y cama, y justo antes de zarpar conocí a José Noda, un gran pescador de quien aprendí mucho a través de llamadas y mensajes; en ese instante, me regaló mis primeras palas de carbono.
En 2014 conocí a otros que se convertirían en compañeros de pesca, como José Landa y Oliver Guerra. Gracias a ellos, salía a pescar con frecuencia, aprendiendo sobre mareas, el comportamiento de los peces y la historia de la pesca, lo que me permitió dar otro salto significativo. Con Oliver, empecé a pescar desde embarcación, accediendo a fondos y capturando imágenes que podrían ser el sueño de muchas personas. Viajé a Galicia para pescar, gracias a Pablo Posse; a La Palma, de la mano de Frasco Lugo; a Alicante, donde por fin conocí a Paco Martínez; y me escapé con mi madre un fin de semana a Menorca, quedándome en casa de David Gottschalk y pescando junto a Jaime López y Vivien Vogel.
La edición de vídeo y el foro Pescasub.com se convirtieron en mi día a día. Llegué a moderar el foro en la sombra y, al año siguiente, junto con otros, asumí el relevo para gestionarlo. En 2015 me fui a estudiar a Lanzarote, donde seguí conociendo nuevos lugares y más pescadores, y comencé a pescar a mayor profundidad, aprovechando su fácil acceso y buenas condiciones. En 2016 empecé a colaborar con Polosub y, seguidamente, con CarbonTek. Todo seguía girando en torno a la pesca submarina: la creación de vídeos, viajes a otros países, mares, océanos, documentales, una película de pesca submarina para Beuchat y, finalmente, esta tienda online en la que te encuentras.
La pesca submarina es el veneno que llevo en las venas y, de manera muy natural, se ha convertido en mi forma de vivir. Influye en cómo pienso, qué como, qué hago, con quién me junto y, seguramente, hasta en cómo moriré.

